Solvencia, liquidez y rentabilidad. Similitudes y diferencias.
La solvencia financiera se define como la capacidad de una empresa para realizar los pagos y cubrir las deudas, es decir, para hacer frente a sus obligaciones financieras a través de sus activos, independientemente de cuando tenga que afrontarlas, tanto a largo como a corto plazo.
Una empresa es solvente cuando cumple los siguientes requisitos:
👉 posee los recursos para afrontar sus deudas en la fecha de vencimiento.
👉 es capaz de mantener este estado de manera continua.
El ratio de solvencia se obtiene dividiendo el activo total (activo corriente + activo no corriente) entre el pasivo (pasivo corriente + pasivo no corriente).
Existen unos índices orientativos para interpretar los resultados de este ratio, siempre teniendo en cuenta que cada empresa opera en un sector y con unas características diferentes:
✅ Ratio de solvencia < 1.5 ⇒ no hay solvencia (adoptar medidas correctoras).
✅ Ratio de solvencia = 1.5 ⇒ equilibrio financiero (hay recursos suficientes).
✅ Ratio de solvencia > 1.5 ⇒ Hay mucha solvencia (activos improductivos).
Es importante no confundir solvencia con liquidez. La liquidez mide la capacidad de pago de la empresa a corto plazo, es decir, de afrontar las deudas a corto plazo con el activo corriente; refleja la posibilidad de convertir este activo en efectivo. Si estos activos no son fácilmente convertibles, la empresa no tiene liquidez. Es decir, no es lo mismo tener el dinero en el banco que tenerlo en existencias o en clientes o deudores, ya que los plazos de conversión son distintos.
El ratio de liquidez se obtiene dividiendo el activo corriente entre el pasivo corriente. Su interpretación, siempre teniendo en cuenta el sector en el que opera la empresa, así como otros condicionantes es la siguiente:
✅ Ratio de liquidez < 1 ⇒ no hay liquidez (adoptar medidas correctoras).
✅ Ratio de liquidez > 1 ⇒ Hay liquidez (activos improductivos).
De este análisis, surgen dos hechos:
Una empresa que posee liquidez no asegura la solvencia. Puede hacer frente a sus obligaciones a corto plazo pero no es garantía de hacerlo a largo plazo.
Una empresa sin liquidez, que no puede afrontar sus deudas a corto plazo, no tiene por qué ser insolvente, si dispone por ejemplo de suficiente activo fijo como garantía para sus obligaciones y cubre esta falta de liquidez con generación de tesorería si se genera beneficios.
Con respecto a la rentabilidad, no puede ser definida como la solvencia. La rentabilidad es la capacidad de una empresa para producir beneficios. Una empresa es rentable si, tras realizar una inversión, obtiene ganancias o beneficios.
La rentabilidad se puede desglosar en dos tipos:
Rentabilidad económica (ROI): mide la relación entre el beneficio logrado antes de intereses e impuestos y el valor total del activo. Principalmente se usa para medir el límite del endeudamiento, ya que su valor se compara con el coste de la deuda. En este caso, se obtiene el margen financiero, diferencia entre la rentabilidad económica y el coste de la deuda, que debe ser positivo; es decir, el coste de los préstamos nunca debe ser superior a la rentabilidad económica.
Rentabilidad financiera (ROE): mide la capacidad de los fondos propios para obtener beneficios. Aquí se relaciona el beneficio neto con el patrimonio neto o recursos propios. Es un ratio que se usa para obtener la rentabilidad del inversor en la empresa.
Como conclusión, podemos sostener que la liquidez proporciona capacidad de respuesta ante déficits de tesorería a corto plazo y nos permite ser flexibles. La solvencia nos asegura la estabilidad a largo plazo para garantizar que la empresa pueda cumplir con sus obligaciones financieras; y la rentabilidad impulsa a la empresa hacia el crecimiento y la expansión, permitiendo generar retornos sobre las inversiones realizadas.

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